sábado, 18 de septiembre de 2010

Que puede estallar

Siento que en el pecho algo late,- - haz que no pare~
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Owari.

Irreversible

La embargó una ira rotunda e inhumana que se coló por sus venas dejando manchas de purpura seco y parasitario.
Pensó en su incapacidad dulce para no juzgar y la comparó con los litros de paciencia que se habia bebido hasta el momento, con calma, con una finalidad casi narcótica para conciderar todo eso una construcción social beneficiosa.
Y se fué por aquel adentro de historias y anecdotas pasando por alto, cada golpe, cada razguño, cada ataque preciso y directo que a momento parecía quemar sus entrañas.
Ella no era de aclaratorias directas y simples, si no más bien de los entrelineas sanos y dispuestos a aceptar segundas oportunidades.
Y sabía con un temor algo liviano que aquella afirmación de pronto se estaba haciendo agua en un sentido casi literario.
por eso es que de un momento a otro quiso dejar de ser ese títere visionario lleno de ilusiones y de sueños que aspira al despertar, para tomar las riendas de su vida, de su gente, de su dejadezdevidadeconcienciaydebipolaridad.
Quería ser fuego, y no esa fluidez repentina que se lleva todos los veranos, los inviernos, las guerras, los infartos de vida, las palabras que pesan, las miradas que arden, la gente que mata.
Y por eso sus dedos temblorosos no se arrepienten de haber descuartizado y haber hecho desaparecer aquel pedazo de potenciales palabras que la estaban matando.
Se Llegó hasta a sentir aliviada con aquella decisión
Y hoy lo unico que acomete contra su conciencia es el no saber si tomarse un Té o una calabaza licuada con aromatizantes despiertos en las nubes de alcanfor.

Owari.

CHAO con la gente idiota please (:

Quelindafaltadecordura


miércoles, 15 de septiembre de 2010

Idem or Die

Te digo algo?


M e D o l i ó
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infinitoimparableirracionalintrinsecoirresponsableincomprensibleincongruenteirremediablementetu
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Owari

martes, 14 de septiembre de 2010

Sobre los orbes del ser angelical.

Bloqueo
Estaba intentando recordar que situación, que gesto, que mínimo detalle desencadenó esta diarrea verbal inexpresable.
Esos ojos
Si, a mi mente se presentaron dignos de un papel protagónico en alguna de mis locuras mentales, aquellos ojos, aquellos malditos ojos.
Suspiré, he intenté no perder los estrivos nuevamente, los habia perdido demaciado este ultimo tiempo. Pero como no perderlos por aquellos ojos tan finos, dulces, suaves, llenos de aquel delirante placer inexplicable?
No, era demaciado...
Su voz
De terciopelo, vibrante con cada nota que se escapaba de sus labios pulcros y rojos.
Iba morirme.
Necesitaba escribir
Y recuerdo bien aquella noche en que mi mente destrozada con tanta belleza genuina no halló otra solución que inflingirle algunos poemas y verbos conjugados.
Me dirijí casi en un estado de ensoñación a mis viejos cuadernos, dejando pasar los antiguos acordes para encontrarme con una hoja blanca (que no hacía más que recordarme aquella piel de iguales caracteristicas)
Tomé el lapiz casi como si de ello dependiera mi vida (y no estaba lejos de la verdad)
Y al hacerlo, sucedió lo inexplicable,
El horror.
De pronto me hayaba frente a una hoja de papel sin poder expresar nada de lo que sentía, había olvidado todo, coherencia, cohesión, palabras, gestos, verbos, no había nada más que una bomba a punto de estallar sin tener fuga de escape.
Iba a morirme quemada por un centenar de sentimientos que no podía expresar.
Comenze a rayar la hoja en un intento fallido de liberar aquella rabía estupida he ironica.
Justo cuando realmente las letras me podían salvar la vida.
Estas habian tomado un pasaje a algún lugar magico del cual yo nunca me habia enterado.
Intenté encontrar palabras que pudieran describir aquel ser angelical de extraña procedencia.
Pero no habian, ninguna palabra podía expresar la Belleza, La dulzura, La ternura, Sus gestos, SUS OJOS, sus labios, su piel pulcra, sus manos, su cuerpo, sus piernas, su cabello, su nariz, su sonrisa, su aire que parecía desprender mariposas a su paso, sus enojos, su voz aterciopelada, su manera de desconectar mi cerebro y dejarlo en estado de loading, su capacidad para convertir todo mi mundo en algo irrelevante y transformar su escencia en un caliz de vida y soporte mental.
Iba a morirme, esos ojos iban a matarme.
Arrugué el papel, despues de un sin fin de intentos fallidos y como esperaba, aquella noche fué más bien el primer acto de un insomio placentero, en el que el papel principal se lo llevaban los orbes y yo era un espectador de esos que miran la obra hasta el final, digase... 8 de la mañana y yo aún me encontraba en un paralisis de sentidos que me prohibía dormir, pero si permitía drogarme con el recuerdo vivo de aquellos gestos y aquellos roses que mi recuerdo inventaba para sentirse un poco menos ageno al ser angelical.
Me senté en la cama y me levanté con apuro, el angel me quemaría los huesos si me quedaba a admirar un rato más su belleza.
El computador me tentaba, pero sabía que mi psicopateo obsesivo voluntario haría de las suyas y mi enferma demencia se encargaria del resto.
No.
Malditos ojos
Fuck
Necesito encender el pc.
Y con la poca voluntad que tenía (yeah, right) encedí el computador y me encargue de admirar al angel, de corromper
cada secreto, cada mínima oscuridad que guardara su ser.
De pronto necesitaba saberlo TODO: que come, que hace, que ve, que sueña, que vive, que duele, que ama, que toca, que llora, donde, porque, cuando, como...
todo cuestionamiento, debía ser resuelto y no enloquecería tan pronto (claro, lo mío hasta ahí era inevitable)
Necesitaba que el angel de orbes delirantes supiera de mi existencia, por muy loco que pareciera, por muy imposible y enfermo que eso fuera.
Lo necesitaba, tanto como a esos malditos ojos.
No se cuanto ha pasado desde que me topé por primera vez con el ser angelical.
Si pudiera contar el tiempo en hojas, serían libros, cuadernos y enciclopedias llenos de visiones paralelas, llenos de catarsis y muertes súbitas.
Ahora veo mis manos y de ellas brotan recuerdos inexistentes en los que el angel está en otro adentro, está en mi adentro convirtiendo mi vida en una terapia de placebos psiquiatricos.
Ahora quiero arrancarme los dientes
uno a uno
sentasez pulcra de aquel sentimiento que quema mi boca
que ahoga mis labios de ideas confusas
y que posa al angel en un mar de paisajes monocromáticos
Sus ojos se posan en mi voluntad y reivindican su realeza casi impuesta.
Se autoformatean en mi cerebro cada gesto, cada suspiro
Y los orbes del ser angelical, se reducen a ser lo unico importante en mi vida.



sábado, 11 de septiembre de 2010

Desdeotroadentro


Eres, el ultimo refugio que me queda
Y el ultimo lugar donde no quiero estar sola.
[Claro, mi problema con la humanidad es que nunca me dejó morir en paz o probar mis futuros crimenes.]
Owari.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Tu más Profunda Piel


Creo que siempre estuvo entendido que sólo nos daríamos el placer y las fiestas livianas del alcohol y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda y volcada, nuestro planeta más preciso fue esa cama donde lentas, imperiosas geografías iban naciendo de nuestros viajes, de tanto desembarco amable o resistido de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros, y cada pozo, cada río, cada colina y cada llano los hallamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh viajera de ti misma, máquina de olvido! Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído y el perfume del tabaco en mis dedos te trae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta antílope en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro.




Yo aprendía contigo lenguajes paralelos: el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas temblorosos, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía. Con el perfume del tabaco vuelve ahora un recuerdo preciso que lo abarca todo en un instante que es como un vórtice, sé que dijiste " Me da pena, y yo no comprendí porque nada creía que pudiera apenarte en esa maraña de caricias que nos volvía ovillo blanco y negro, lenta danza en que el uno pesaba sobre el otro para luego dejarse invadir por la presión liviana de unos muslos, de unos brazos, rotando blandamente y desligándose hasta otra vez ovillarse y repetir las caída desde lo alto o lo hondo, jinete o potro arquero o gacela, hipogrifos afrontados, delfines en mitad del salto. Entonces aprendí que la pena en tu boca era otro nombre del pudor y la vergüenza, y que no te decidías a mi nueva sed que ya tanto habías saciado, que me rechazabas suplicando con esa manera de esconder los ojos, de apoyar el mentón en la garganta para no dejarme en la boca más que el negro nido de tu pelo.






Dijiste "Me da pena, sabes", y volcada de espaldas me miraste con ojos y senos, con labios que trazaban una flor de lentos pétalos. Tuve que doblarte los brazos, murmurar un último deseo con el correr de las manos por las más dulces colinas, sintiendo como poco a poco cedías y te echabas de lado hasta rendir el sedoso muro de tu espalda donde un menudo omóplato tenía algo de ala de ángel mancillado. Te daba pena, y de esa pena iba a nacer el perfume que ahora me devuelve a tu vergüenza antes de que otro acorde, el último, nos alzara en una misma estremecida réplica. Sé que cerré los ojos, que lamí la sal de tu piel, que descendí volcándote hasta sentir tus riñones como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos con el ritmo de la ofrenda; en algún momento llegué a perderme en el pasaje hurtado y prieto que se llegaba al goce de mis labios mientras desde tan allá, desde tu país de arriba y lejos, murmuraba tu pena una última defensa abandonada.






Con el perfume del tabaco rubio en los dedos asciende otra vez el balbuceo, el temblor de ese oscuro encuentro, sé que una boca buscó la oculta boca estremecida, el labio único ciñéndose a su miedo, el ardiente contorno rosa y bronce que te libraba a mi más extremo viaje. Y como ocurre siempre, no sentí en ese delirio lo que ahora me trae el recuerdo desde un vago aroma de tabaco, pero esa musgosa fragancia, esa canela de sombra hizo su camino secreto a partir del olvido necesario e instantáneo, indecible juego de la carne oculta a la conciencia lo que mueve las más densas, implacables máquinas del fuego. No eras sabor ni olor, tu más escondido país se daba como imagen y contacto, y sólo hoy unos dedos casualmente manchados de tabaco me devuelven el instante en que me enderecé sobre ti para lentamente reclamar las llaves de pasaje, forzar el dulce trecho donde tu pena tejía las últimas defensas ahora que con la boca hundida en la almohada sollozabas una súplica de oscura aquiescencia, de derramado pelo. Más tarde comprendiste y no hubo pena, me cediste la ciudad de tu más profunda piel desde tanto horizonte diferente, después de fabulosas máquinas de sitio y parlamentos y batallas. En esta vaga vainilla de tabaco que hoy me mancha los dedos se despierta la noche en que tuviste tu primera, tu última pena. Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne más secreta, quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todavía creo estar viviendo.
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Cortazar. (Tu más profunda Piel)
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(demaciadas emociones agolpadas en un texto tan intimo)
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Owari